La película del día

Críticas de cine y cobertura de festivales

Melancolía (Melancholia, 2011)

  – ¿Qué?: El planeta Melancolía se acerca peligrosamente a la Tierra. Algunos científicos dicen que no chocará contra la misma, otros tienen serias dudas al respecto. Mientras, Justine y Michael celebran su boda por todo lo alto en casa de Claire, la hermana de la novia…

 – ¿Cuándo?: El lunes por la noche

 – ¿Dónde?: En los Cines Golem (repito, lunes, día del espectador, 5,60 euros)

 – ¿Por qué?: me arriesgo a ver todo lo que se presente como novedoso, distinto a lo habitual. Lars von Trier, sin ser santo de mi devoción, siempre promete eso. Y las buenas críticas de esta me dieron ganas de verla y de darle la oportunidad definitiva.

 – Merece la pena porque… es, por lo que yo he visto de él, la película más asequible de Lars von Trier. Con asequible me refiero a que es mucho más fácil de seguir y asimilar que otras. Quizás porque trata un tema más común en el cine, como es el fin del mundo. Aunque, como no podía ser de otra manera, “Melancolía” no es la típica película sobre el fin del mundo; tiene mucho más detrás. Pero vayamos por partes. Lars von Trier es una de esos directores-autores que dirigen, hacen y dicen lo que les da la gana, al margen de convencionalismos, gustos y cifras (como decíamos hace poco que le pasa también a Terrence Malick). Utiliza el cine como arma para exorcizar sus miedos y curar su mente, de modo que película y director se convierten en un todo indivisible. El problema viene cuando su ego se ve envuelto también la película, transformándose en un conjunto de locuras pretencioso y tan subjetivo que sólo el propio autor entiende, pero que no se preocupa por que los demás lo hagan. Pero “Melancolía” es muy contenida en ese sentido. Tras la polémica y excesiva “Anticristo” (Antichrist, 2009), esta película sigue esa línea psicológica y poética, pero es mucho más calmada, como si de algún modo, von Trier en su anterior película hubiese querido luchar contra sus miedos de un modo frenético, mientras que en esta última los tiene asumidos, y sabe que no tiene nada que hacer contra ellos. El director consigue darle la vuelta al género y crear una película intimista donde se tratan temas como la depresión, la soledad, la desesperanza, el sentido de la vida y el (no) más allá. Pesimismo a su más puro estilo.

En la dirección, von Trier no abandona su estilo realista y cercano, de cámara en mano, de seguir a los personajes, de primeros planos, muy heredero todavía del Dogma que él mismo inventó, y sabe combinarlo con otro estilo visualmente apabullante. La película estéticamente es una belleza y un placer para los sentidos. Sobresaliente es la preciosa y muy cuidada fotografía de Manuel Alberto Claro, muy inspirada en la pintura romántica de artistas como Millais (Justine a lo “Ofelia”) o Friedrich (los personajes solos observando de espaldas el mundo). El tema musical principal (y único extra diegético), el Preludio de “Tristán e Isolda” de Wagner, ayuda a aumentar el romanticismo de la historia. Si técnicamente la película es intachable, narrativamente es bastante irregular. Está dividida en un prólogo y dos capítulos, lo cual parece deberse más a un capricho del director que a una necesidad narrativa auténtica. Ambas partes están muy descompensadas, la primera se centra más en la boda de Justine, sin hacer prácticamente referencia a Melancolía, si no más bien siendo un (buen) drama familiar, un tratamiento de la mente y las relaciones humanas. Eso está bien. Pero en la segunda parte, la película da un cambio radical, ya centrándose completamente en Melancolía y en su acercamiento a la Tierra. Ambas partes están muy bien por separado, y la primera parte se trataría de una metáfora de la segunda (la melancolía de Justine arrasa con su vida igual que Melancolía podría arrasar con la tierra). Esto sería muy interesante si no fuera porque no están bien enlazadas, y al poco rato de estar viendo la segunda parte (la mejor), a uno ya se le ha olvidado la primera, como si se tratara de otra película distinta. Esto puede deberse también a que es en la segunda parte cuando la película va creciendo en interés, tensión y agobio según avanza. Tiene su clímax en un final brutal y asombroso, de lo mejor que he podido ver en mucho tiempo en cine.

Las dos encargadas de llevar todo el peso de la película a partes iguales (aunque se destaque y se alabe más a la primera) son Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg. Dunst, que tomó el relevo a la que en principio iba a protagonizar la película, Penélope Cruz (menos mal), se mete de tal manera en la piel de su personaje, Justine, esa joven depresiva, incapaz de ser feliz y que quizás tiene algún tipo de percepción extrasensorial, que nos es imposible ya imaginarnos nadie más interpretándola, menos a la actriz española. Justine parece  al principio simplemente una chica muy feliz por el día de su boda. Pero tras esa fachada, tras esa falsa sonrisa, se va desvelando poco a poco la auténtica naturaleza de su personaje, cargado de matices que la actriz sabe mostrar perfectamente. Pero aunque fuera Dunst quien se llevó el premio a la mejor actriz en Cannes, y haga hasta la fecha el mejor papel de su carrera, su compañera de reparto, Charlotte Gainsbourg, está totalmente a su altura, tanto a nivel interpretativo como de protagonismo. Lars von Trier ya supo sacarle también a Gainsbourg su mejor interpretación en “Anticristo”. Aquí hace un papel igual de intenso pero tiene el problema de siempre, el de ser un personaje “normal” frente a otro que no lo es, los cuales siempre salen perdiendo en comparaciones, algo que no es justo. Gainsbourg interpreta a Claire, la hermana de Justine, siempre preocupada por su familia, con los temores y reacciones propios de una persona normal, un personaje totalmente identificable. Junto a ellas, destaca un muy acertado Kiefer Sutherland. El resto del reparto, en el que destacan nombres como John Hurt, Charlotte Rampling, Udo Kier, Stellan Skarsgard y su hijo Alexander Skarsgard, están más que correctos en su recreación de sus, por otro lado, insufribles personajes.

– El momento: Ese final. Tan crudo y tan desolador. Tan bien rodado, deslumbrante. El patio de butacas vibraba. Y después, el silencio. Dejándonos sin aliento y absolutamente devastados. Me imagino que su visionado en una sala más grande y moderna (por ejemplo, en el Kinépolis), tiene que ser aún más espectacular. Sea como sea, hay que verla en cine.

La frase: “The Earth is evil. We don’t need to grieve for it. Nobody will miss it”

– Conclusión: ver “Melancolía” es casi una experiencia catártica. Y digo “casi”, porque, en el fondo, no es tan improbable que algo como lo que sucede en la película nos pueda pasar a nosotros. No, las películas de von Trier no te invitan a ser positivo ni a tener esperanza. La humanidad es malvada y si le pasa algo terrible, tendrá lo que merece. Y ni siquiera tenemos derecho a quejarnos. Derecho o posibilidad. Da igual. No hace falta estar deprimido para ver algo así. Pero, aparte de su mensaje, sí que hay algo positivo en esta película: el espectáculo visual que ofrece, y el disfrute que puede suponer para cualquier buen cinéfilo. Sólo por el final merece la pena ver toda la película. “Melancolía” me ha reconciliado con el cine de Lars von Trier. Sin llegar a parecerme una obra maestra, para mi es, de lejos, la mejor película de su director.

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Esta entrada fue publicada en 16 noviembre, 2011 por en Cine europeo (en general) y etiquetada con , , , .
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