La película del día

Críticas de cine y cobertura de festivales

El callejón de las almas perdidas (Nightmare Alley, 1947)

– ¿Qué?: Stan Carlisle es un joven ambicioso que trabaja en una feria ambulante. Su único deseo es alcanzar el éxito al precio que sea. Cuando descubre que dos de sus compañeros tenían un número que tuvo mucha fama en su momento, tratará de averiguar el código secreto en el que se basaba dicho número, y, una vez que los descubre, comienza a desarrollarlo hasta extremos insospechados…

– ¿Cuándo?: Algunos trozos en el curso de crítica del viernes; entera, el sábado por la noche.

– ¿Dónde?: en la Escuela de Escritores y en mi casa.

 – ¿Por qué?: Es una de las dos películas que teníamos que ver y de las que íbamos a hablar este mes en el curso de crítica de cine.

– Merece la pena porque… es una de esas películas inclasificables, y por tanto, excepcionales dentro del género en el que se encuadran, en este caso, el cine negro, aunque en ella están presentes muchas de las características del mismo. Está basada en la novela de William Lindsay Gresham que nos cuenta la ascensión y caída de un hombre movido únicamente por la ambición. La novela fue adaptada al cine tan solo un año después de su publicación, impulsada como proyecto personal del actor Tyrone Power, que quería protagonizarla para salir del encasillamiento de galán seductor en el que se encontraba, y demostrar que podía hacer papeles más oscuros y dramáticos. Se trata de una película de gran presupuesto, con decorados de feria que ocupaban 40.000 metros cuadrados de los estudios de la Fox. El encargado de dirigirla fue Edmund Goulding, que tiene algunas películas famosas y remarcables (como la ganadora del Oscar “Gran Hotel” –Grand Hotel, 1932-, o “Al filo de la navaja” –The Razor’s Edge, 1947-), pero que no ha sido una de las grandes figuras del cine, ya que no era un realizador con demasiada personalidad. Sin embargo, sabe darle a toda la película el ambiente turbio que necesita (seguramente debido a que su propia vida personal era también bastante turbia). Técnicamente destacan, como hemos dicho, su dirección artística, la utilización expresionista de la iluminación, los efectos de sonidos y la banda sonora de Cyril J. Mockridge, que contribuyen a crear la atmósfera asfixiante.

Goulding nos muestra (al igual que una de sus más claras predecesoras, “La parada de los monstruos” –Freaks, 1932-) los entresijos más oscuros y deprimentes de un mundo que, visto por fuera, es alegre y colorido, pero que por dentro muestra una cara mucho más amarga. Algo que funciona como metáfora de la personalidad y la mente del protagonista, encantador por fuera, pero corrompido por dentro. En este sentido, la película es muy psicoanalítica. Está llena de simetrías, de momentos y frases que se repiten, y también de dobles sentidos. Puede tener múltiples interpretaciones, la primera de ellas, la más evidente, la de que el protagonista es un timador que con la ayuda de la psicóloga estafa a los clientes ricos. Se entiende el psicoanálisis como una forma de engaño más, junto con el espiritismo o incluso la religión. Pero también puede ser que todo esté en la cabeza del protagonista, una ilusión que él mismo se ha creado en su obsesión por alcanzar éxito y poder. El espectador es libre de decidir que opción le parece mejor. La película tiene además mucho de tragedia griega. Vemos con casi desesperación, que a la vez nos sirve de catarsis, cómo el protagonista va cavándose poco a poco su propia tumba, cada acción que realiza le lleva a una destrucción anunciada (esa carta de ahorcado que funciona como oráculo), acabando del mismo modo que siempre había querido evitar, y convirtiéndose en uno de esos desgraciados a los que siempre había despreciado. Como una estructura circular o un círculo vicioso del que no se puede escapar.

Tiene diálogos y momentos algo melodramáticos y tópicos (ese momento en que Stan le declara su amor a Molly, o cuando se despiden en la estación de tren), pero que quedan bien ya que captan la base y la esencia del cine negro, y del Hollywood Clásico en general. Tiene uno de los finales más amargos y duros que se pueden ver en el cine de la época, y si algo se le puede achacar es el hecho de que se intenta suavizar un poco y se le quiera dar una oportunidad de redención al protagonista, cómo queriendo enviar un mensaje menos desesperanzador. La película tiene su gran momento final cuando contratan a Stan de nuevo en la feria, la última escena parece un añadido que alarga y suaviza el final de forma innecesaria (aunque las útimas frases, de nuevo una repetición, son lapidarias y fantásticas). En cuanto a los actores, para mi gusto, Tyrone Power sólo consiguió a medias su reto de hacer su gran papel, ya que su interpretación es bastante solvente, pero no es la mejor de su carrera (la cual me parece que es la que realiza en “Testigo de cargo” –Witness of the prosecution, 1957-), y además, en ocasiones, le falta un poco de expresividad. El personaje tiene muchos matices, y en ocasiones Power consigue plasmarlos, pero en otras no quedan nada claros. Mejor están sus compañeras de reparto, Joan Blondell, Coleen Gray, y sobre todo, Helen Walker, estupenda encarnando el prototipo de “femme fatal”. Muy bien también está Ian Keith interpretando al alcohólico Pete.

– El momento: estupenda es la larga escena de la noche anterior a la muerte de Pete, muy bien rodada, y, además causante injustificadamente (o no) de la paranoia y el continuo sentimiento de culpa del protagonista.

– La frase: “What’s youth? Happy one minute, heartbroken the next”

– Conclusión: película increíblemente sugerente y redonda, que no es excesivamente conocida, pero que es considerada una joya dentro del cine negro. Adelantada a su época, y actual aunque muchos años hayan pasado por ella. Ya que trata un tema que sucede igualmente en nuestros días. Siempre va a haber personas movidas únicamente por la ambición. Siempre va a haber timadores y sinvergüenzas sin escrúpulos que intenten engañar a los demás (no hay más que poner la tele para verlo). Pero el destino, que es más sabio que nosotros, acaba poniendo a cada uno en su lugar. Una película perfecta para reflexionar y debatir, sobre ella y sobre lo que trata. Un clásico, nadie debería perdérsela.

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3 comentarios el “El callejón de las almas perdidas (Nightmare Alley, 1947)

  1. plared
    13 diciembre, 2011

    Como dices toda una joya, no mejor, pero tampoco por debajo de muchas con mas fama y reconocimiento. Muy buena tu disección de la película. Saludos

  2. Hildy Johnson
    2 enero, 2012

    Me encanta esta película…, sorprendente y oscura
    De Goulding me cautivan también dos melodramas(género que me encanta e hipnotiza)de Bette Davis: AMARGA VICTORIA Y LA SOLTERONA.
    La película coral Grand Hotel me fascina con todas sus historias cruzadas y sus intérpretes míticos. Quiero volver a visionar AL FILO DE LA NAVAJA que en su momento me pareció bastante interesante…
    En fin, seguir descubriéndole.
    Beso
    Hildy

  3. Pingback: Luces rojas (Red lights, 2012) « La película del día

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Esta entrada fue publicada en 12 diciembre, 2011 por en Cine americano y etiquetada con , , , .
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