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Paraíso: Fe (Paradies: Glaube -Paradise: Faith-, 2012)

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Cuando Teresa, la protagonista de Paraíso: Amor, se marcha de vacaciones a Kenia, deja a su hija y a su gato en casa de su hermana, Anna Maria, una mujer que ha encontrado en la religión un obsesivo y enfermizo refugio contra la soledad. Sobre ella trata Paraíso: Fe, la segunda parte de la trilogía del realizador austriaco Ulrich Seidl, y quizás la entrega más dura (dentro de que ninguna es baladí), la que menos humor (negro) tiene, la más desesperanzadora (en irónico contraste con la tercera parte). Nacida y en gran parte formada por las experiencias que conoció el director durante el rodaje de su documental de 2003 Jesus, du weisst, Seidl reinterpreta y analiza a través de una realidad aterradora, algo filtrada por un espejo deformante, los efectos del fanatismo religioso, y el sinsentido y las contradicciones de alguien que trata de vivir fuera de pecado, pero que, paradójicamente, se había casado con un musulmán que regresa después de años para desestabilizarle su aparentemente armoniosa existencia.

Paraíso: Fe convierte la relación que la protagonista tiene con Jesús en la de una pareja, más que simplemente espiritual y religiosa (en este sentido es significativo que, por ejemplo, no veamos nunca a la protagonista asistiendo a misa, a pesar de lo creyente que es). Aquí es todo más carnal, más terrenal, pasando del ensimismamiento de la primera etapa, con sus momentos buenos, su atracción, a la dureza del día a día y de la rutina, para acabar en el desencanto, las decepciones o el arrepentimiento.

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Dentro de la narración principal, la de esta mujer viviendo su particular cruzada, su recorrido en busca de la conversión de inmigrantes y marginados sociales nos introduce en todo un mundo de microhistorias, en algunas de las cuales Seidl se recrea bastante, que me recordaron al documental chileno El otro día, de Ignacio Agüero, en el que el director se introducía en la intimidad de las casas de diversas personas que le contaban su vida y sus circunstancias. Seidl, experto también en observar a la gente, y más concretamente sus miserias, mantiene la cámara y deja que pasen las cosas, jugando con los límites de la ficción.

A través de su recreación de la realidad más escabrosa, Seidl consigue, mágicamente, planos de una belleza casi ascética. Se ha dicho mucho que Seidl retrata y se recrea en la fealdad, en los cuerpos poco hermosos, en el realismo más sórdido, pero la fuerza pictórica de sus imágenes (aunque en ésta no lleguen al esplendor de las de Paraíso: Amor, en la que el director llega a su cumbre visual emulando a Rubens, Ingres o sobre todo Botero), consigue un contraste sugestivo en el espectador. La austeridad de la película, proyección de la de su propia protagonista, no quita sin embargo para que Seidl se permita provocar y escandalizar con momentos tan irreverentes como el de la  consabida escena sexual con el crucifijo, de la que tanto se ha hablado, que incomoda por mostrar en pantalla algo a lo que no estamos acostumbrados a ver con tal franqueza.

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Pero es probable que uno de los aspectos más sorprendentes de la película sea la entrega total de la actriz Maria Hofstätter, que se lanza de cabeza a este personaje esperpéntico y lo hace creíble y cercano. La compenetración que tienen ella y el debutante (y no actor) Nabil Saleh en la “intimidad” de una pareja, es fascinante. Unos personajes que le dan la espalda al espectador y al mundo, encerrados en su casa, su religión, y su destructiva relación, pero que, a pesar de mantener esa distancia, acaban transmitiendo compasión en su aturdimiento existencial.

Cruel, y a momentos escalofriante, podríamos decir que Paraíso: Fe es la racionalización más absoluta de una película de exorcismos (eso hombre descolgando y tirando las cruces por toda la casa, ese gato casi endemoniado, o sobre todo, ese momento en que la protagonista rocía con agua bendita a su marido). Pero estamos ante un trabajo profundamente humanista que sigue la línea de la anterior, y de la siguiente, Paraíso: Esperanza, y es que, en el fondo, las tres películas tratan de lo mismo, aunque sólo la primera parte lo tenga por título: del amor, y de tres maneras de buscarlo que tienen tres mujeres muy distintas. Hermosa en sus taras y despiadada en su mirada, como es habitual en Siedl, Paraíso: Fe es, en conclusión, un ejemplo más de lo imprescindible de esta trilogía en el panorama cinematográfico estival.

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3 comentarios el “Paraíso: Fe (Paradies: Glaube -Paradise: Faith-, 2012)

  1. mary
    1 enero, 2014

    Interesante. No sabia que ya se habia estrenado. La primera me gusto mucho.

    • Soffi
      1 enero, 2014

      Se estrenaron las tres el pasado Agosto a la vez en cine, internet y televisión de pago. Mi favoria es “Esperanza”, pero reconozco que “Fe” es la más intensa de las tres.

  2. Pingback: 19º Festival de Cine Alemán: Ciclo überAll-Ciencia ficción y ciberpunk / Largometrajes (I) | La película del día

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Esta entrada fue publicada en 19 agosto, 2013 por en Cine europeo (en general) y etiquetada con , , , , .
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