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Críticas de cine y cobertura de festivales

Asalto al poder (White House Down, 2013)

White_House_Down_Theatrical_Poster

El viernes se estrena en cines Asalto al poder, la última película de Roland Emmerich, ese señor alemán al que le encanta destruir el mundo, empezando por Estados Unidos. Y para presentarla han estado en Madrid esta mañana el propio Emmerich y los dos protagonistas del filme, Channing Tatum y Jamie Foxx, que han dado, en una Casa de las Alhajas reconvertida en una Casa Blanca en miniatura, una rueda de prensa corta pero distendida, en la que los se han mostrado muy amables y divertidos, y nos ha contestado a preguntas sobre los personajes, sus otros trabajos, las obsesiones de Emmerich por hacer explotar la residencia oficial del presidente, e incluso hemos entrado en temas de interés político actual, como el terrorismo o la intervención en Siria.

Asalto al poder 010(foto de Mari Carmen Fúnez)

Pero centrándonos en la propia Asalto al poder, para empezar tengo la teoría de que Emmerich, a pesar de disfrazarse de más patriota que los propios americanos, realmente les odia. Y no tanto por su afán por aniquilarlos de mil maneras posibles (ya sean monstruos gigantes, extraterrestres, terroristas, o la propia naturaleza), sino por presentarles como si fuesen auténticos idiotas. Hay que reconocerlo: si la actitud que tiene el gobierno estadounidense ante un ataque inesperado de grandes proporciones es la que se nos muestra en Asalto al poder, van apañados. Nos encontramos frente al enésimo pastiche de parodia de acción con trasfondo familiar en el que el protagonista pasa de perdedor a héroe. En este caso, se trata de un policía que aspira a formar parte del Servicio Secreto de los Estados Unidos, algo simple pero de buen corazón, que habla hasta con las ardillitas del jardín, y que lucha por ser un buen padre para una insufrible hija friki, que vive obsesionada con todo lo que tenga que ver con la Casa Blanca (¿?), pero se pierde su actuación escolar, y tendrá que demostrar su valía salvando al presidente, un tipo super cool que mientras le atacan hace bromas, come chicle y se preocupa por sus deportivas de marca. Aquí todo son risas, oiga.

Después de haber tomado un camino bastante decente y inesperadamente elegante con su última película, Anonymous (2011), Emmerich regresa a sus peores andadas de 2012 (2009), haciendo un producto demasiado largo, falto de interés hasta el más absoluto aburrimiento, con una historia mal llevada y unos personajes que no tienen ni pies ni cabeza. Pero aún 2012, dentro de que era infame, tenía una valor innegable en sus estupendos efectos visuales y sonoros, pero Asalto al poder es una película más de interiores, con muy pocos momentos espectaculares y de lucimiento, y cuando los tiene, que es cuando la película parece que remonta un poco, los efectos resultan de videojuego (esos aviones estrellándose o el coche cayendo a la piscina, todo totalmente artificial). Por otro lado, sin llegar a molestar demasiado (se agradece) la banda sonora de Harald Kloser y Thomas Wanker, variada y adecuada para cada momento, quizás está un poco sobre utilizada.

Whitehouse Down Trailer 2

No ayuda tampoco la presencia de Channing Tatum como el paradigma de pasar de transmitir cualquier tipo de emoción. Además, si alguna/o piensa que al menos podrá recrearse la vista viéndole, que no pierda el tiempo, ya que el señor Emmerich no deja la cámara quieta un instante, así que es imposible centrarse en nadie más de medio segundo. Claro que si Tatum no hace nada, casi preferiríamos que Jamie Foxx estuviese igual antes de la interpretación que hace de un personaje ridículo al que se nota que no sabe por donde coger. Mientras que los protagonistas están poco cuidados hasta el desprecio, tenemos todo un amplio abanico de secundarios que se pelea por ser el más pasado de rosca, siendo los principales candidatos el repelente guía turístico, el hacker amanerado, o el mercenario facha. Entre tanto disparate, Maggie Gyllenhaal y Richard Jenkins aguantan el tipo como pueden.

A principios de Mayo se estrenó Objetivo: la Casa Blanca, una película que trataba prácticamente de lo mismo, pero que, sin gustarme especialmente, ni ser una película que se tomara más en serio que esta, por lo menos tenía una razón de ser como homenaje a las cintas de acción de los años 80. Pero no hay nada que justifique que una película como Asalto al poder llegue a realizarse. Hasta el espectador más conformista se cansa de que le den lo mismo una y otra vez, sin esforzarse lo más mínimo. Lo único que queda cuando acaba es una sensación de hastío ante su eterna duración y un dolor de cabeza importante. Al final, hay que reírse por no llorar.

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Esta entrada fue publicada en 5 septiembre, 2013 por en Cine americano y etiquetada con , , , , , , .
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