La película del día

Críticas de cine y cobertura de festivales

Stockholm (2013)

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El síndrome de Estocolmo es un trastorno psicológico a través del cual una persona que ha sufrido algún tipo de cautiverio desarrolla una relación afectiva muy fuerte con aquel que le ha retenido. Este es el punto de partida que toma el director y guionista Rodrigo Sorogoyen para su segunda película, Stockholm, que fue una de las grandes triunfadoras del pasado Festival de Málaga (obtuvo los premios al mejor director, mejor actriz y mejor guión novel), aún tratándose de un modelo claro del cada vez más extendido cine llamado low cost: un trabajo en parte financiado por crowdfunding, y por una productora creada por sus propios responsables para tener total libertad, un equipo que no ha cobrado, rodada en la casa del director, y reducida al mínimo (un solo espacio, dos intérpretes… poco más).  Pero es quizás visto su resultado final bajo las circunstancias en las que se realizó, en lo que radica el éxito de la película.

Stockholm juega al engaño, constantemente. Lo hace interiormente, poniendo a sus personajes en una lucha constante consigo mismos y contra el otro, y lo hace exteriormente, en su propio engranaje. Porque lo que empieza con una primera parte algo forzada que bien podría estar escrita por Linklater, Ethan Hawke y Julie Delpy, con toques de comedia indie estadounidense, se transformará en algo que nos dejará cuanto menos sorprendidos, difícilmente indiferentes, y, muy probablemente, con el corazón en un puño. Se nos presenta un retrato generacional sobre las relaciones entre hombres y mujeres, que pocas veces se ha mostrado de manera tan real y acertada en nuestro cine, a excepción de los dos largometrajes de Jonás Trueba, Todas las canciones hablan de mí y Los ilusos. Con esta última Stockholm comparte la fotografía de un Madrid nunca antes tan cinematográfico, con las calles y los tejados como únicos testigos de un flirteo que se va a ir retorciendo hasta escaparse de las manos. Porque lejos del encanto de la historia romántica y bohemia de Trueba que parecía que iba a tener en su primera parte, Sorogoyen fragmenta la película (al igual que lo hace Aura Garrido con ese metafórico cabezazo contra el espejo), llevando hasta el límite las consecuencias de nuestros actos.

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Del mismo modo en su forma la película se divide en dos. Aunque su elegantísima y significativa puesta en escena se mantiene constante todo el tiempo, en la primera mitad el expresivo montaje se lleva parte del protagonismo, que contrasta con la sobriedad teatral de su estructura narrativa, con su utilización del ralentí acompañado de música, que llega a su máximo esplendor en el momento del “ballet”, donde queda patente que de allí no se podrá salir de otra manera que no sea trágicamente. Es entonces cuando la sobriedad acaba contagiando a la forma, que empieza a basarse en largos planos, espeluznantes por mostrarnos algo terroríficamente real, con la opresiva blancura luminosa que inunda la casa. Aunque Stockholm podría ser una buena obra de teatro, la faltaría la elocuencia de Sorogoyen le da a las imágenes.

Y quienes más juegan a las apariencias, a la seducción, embriagados por las confusiones que traen la noche y el alcohol, son los dos protagonistas, él con un supuesto nombre ridículo, ella completamente anónima. Él es Javier Pereira, convenientemente falso y embaucador al principio, mezquino y a la vez empático después. Pero quien nos roba el aliento y le da el alma a la película es Aura Garrido, una de las actrices jóvenes con más voz y presencia del panorama español actual, que queda definitivamente encumbrada con esta recreación de una chica frágil, triste e inestable a la que engañan… ¿O se deja engañar? Porque nunca queda claro quién engaña a quién, quién está jugando con quién, quién está realmente enamorado… ¿No son, llevadas al extremo, las dudas normales en cualquier relación?

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Tenemos por tanto ante nosotros el ejemplo perfecto de cómo se puede hacer una buena película con presupuesto bajo y medios limitados, siempre y cuando se tenga talento, ambición y las cosas claras. Y de todo eso Stockholm anda sobrada. El cine no está muerto, señores, el cine está muy vivo, y, además, está transformándose en cosas así de estupendas. Es un motivo para tener esperanzas.

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4 comentarios el “Stockholm (2013)

  1. Paula
    7 noviembre, 2013

    WoW!!! Me encanta!! Sofi, que artıstaza eres!

    • Soffi
      8 noviembre, 2013

      Mi Pauliiii!!! :___D Gracias!!!! Te encantaría esta peli^^

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Esta entrada fue publicada en 7 noviembre, 2013 por en Cine español y etiquetada con , , , .
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