La película del día

Críticas de cine y cobertura de festivales

A 20 pasos de la fama (20 feet from stardom, 2013)

 

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Existen infinitas formas de abordar el género documental, y no hay más que echarle un ojo a las películas nominadas cada año en esta categoría al Oscar para evidenciarlo. Los temas políticos suelen ser recurrentes, (y necesarios), ya hablen del presente o del pasado. Pocas películas hablan de un conflicto tan contemporáneo como The square (2013) de Jehane Noujauim, crónica de la todavía activa revolución que tuvo lugar en la Plaza Tahrir de El Cairo, y que provocó la caída de Hosni Mubarak. Por el contrario, The act of killing (2013) de Joshua Oppenheimer, se enfrentaba al pasado de Indonesia desde la recreación metacinéfila de un genocidio del que no se conservan imágenes. Cualquiera de estas dos películas supone un acontecimiento que trasciende su estatus cinematográfico para convertirse pruebas ilustrativas de acontecimientos históricos. Pero no podemos olvidar que estamos hablando de premios, y más de los Oscar, que tienden a decantarse por producciones más amables de superación personal, que despiertan empatía en el público. Y si son musicales, tienen casi todo el favor asegurado. Si el año pasado la ganadora era Searching for Sugar Man (2013) del recientemente fallecido Malik Bendjelloul, el fenómeno que descubrió al cantante Rodríguez, este año le tomaba el relevo A 20 pasos de la fama, de Morgan Neville, que continua la misma línea de fábula sobre sueños convertidos en realidad, aunque de manera mucho menos ficcionada que la de Bendjelloul.

 

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Lo primero que vemos en la película es a Bruce Springsteen hablando de esos artistas desconocidos y en la sombra que hacen uno de los trabajos menos agradecidos del mundo de la música: los coristas. Le siguen unos créditos que son ya toda una declaración de intenciones: una sucesión de portadas de discos en las que se borra la cara del cantante principal para destacar las presencia de sus acompañantes, mientras suena Walk on the wild side, de Lou Reed, una de esas canciones que sin la intervención de las chicas al coro, no tendría sentido. La película tiene como protagonistas a muchas de esas cantantes de las que habla, especialmente Darlene Love, la primera corista negra que grabó en un estudio, con The Blossoms, pero también Marry Clayton, una de las mayores divas de la profesión, cuyas colaboraciones van desde Ray Charles hasta los Rolling Stones o Lynyrd Skynyrd, Lisa Fischer, una de las coristas más famosas, que ha trabajado Luther Vandross, Sting y también los Rolling, o la más joven Judith Hill, que ha tomado el relevo de sus predecesoras, colaborando con Michael Jackson, Kylie Minogue o Steve Wonder.

El documental combina mediante un montaje muy dinámico canciones, fotografías, imágenes de archivo y testimonios de sus protagonistas, de otros coristas como Tata Vega, Claudia Lennear o la familia Waters, y de muchos de los artistas con los que ha trabajado, los cuales expresan admiración, no solo por su talento, sino por su capacidad de permanecer en un segundo plano. La película hace constantemente referencia al acto altruista de ocultar la propia voz para compartirla y encajarla con la de los demás. Pero muchas veces, esto no se debe tanto a una decisión personal, como a una imposición dada por las circunstancias. Muchos de estos cantantes quisieron emprender carreras en solitario y establecerse como artistas individuales, pero no lo consiguieron por diversos motivos.

 

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La frustración de no alcanzar el ansiado triunfo hizo que algunas de las coristas abandonaran el mundo de la música, en determinados casos para siempre. Sin embargo, en otros, los reveses no solo no anularon sus personalidades, sino que las reforzaron. Y es aquí, en este giro argumental, que deja de hacer un repaso a la historia de la música de color para centrarse en los relatos íntimos de estas mujeres que lucharon por salir adelante, donde reside la clave de A 20 pasos de la fama. La clave para emocionar, se entiende. No carece de efectismo, con el que sabe jugar, pero consigue trasmitir una gratificante sinceridad con respecto a lo que cuenta. Un documental muy agradable y positivo, de manual, que no descubre nada nuevo ni va a revolucionar el género. Ni lo pretende.

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