La película del día

Críticas de cine y cobertura de festivales

Stella Cadente (2014)

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El cine histórico español se sitúa generalmente entre el interés didáctico y propagandístico, y el entretenimiento, siendo pocos los trabajos esencialmente cinematográficos. Tuvo, en sus comienzos, a sus figuras principales en realizadores como José Buchs, el más folclórico Florián Rey, y, más adelante, Juan de Orduña, representante más importante de la distorsión del género hacia la exaltación exagerada y teatral del nacionalismo durante el franquismo. Fue en esta época cuando este tipo de cine vivió su mayor éxito, como instrumento de exposición de determinados valores morales y sociales. Una vez acabada la dictadura, a excepción de algunos intentos de películas ya con intenciones más de fidelidad que de patriotismo, como El Dorado, de Carlos Saura, o Esquilache, de Josefina Molina, ambas de 1988, el cine histórico se centró casi fundamentalmente en la Guerra Civil, y el resto fue decayendo hasta la actualidad.

Queda la sensación de que el filón de temas posibles a tratar en España está desaprovechado, especialmente aquellos del siglo XIX, una de las época más convulsas, que va desde la Guerra de la Independencia al Desastre del 98. Entre los más ignorados, se encontrarían algunos monarcas como Isabel II, o, en el caso que nos ocupa, Amadeo de Saboya, que tuvo un corto reinado entre 1871 y 1873, durante el Sexenio Democrático. El documentalista Lluís Miñarro ambienta su primera película de ficción alrededor de la vida de este hombre durante sus dos años en España.

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Dicho todo esto, habría que plantearse si Stella Cadente es una película histórica. Contada en dos tiempos, el primero dando una visión algo más politizada del personaje, y el segundo de manera más romántica, Miñarro introduce conscientes anacronismos, que van desde la utilización de canciones francesas sesenteras (la presentación del personaje de Bárbara Lennie es soberbia) hasta todo lo que tiene que ver con la cuestión idiomática. Decisiones arriesgadas que, sin embargo, ayudan a representar el ensimismamiento del que es cautivo el protagonista, un hombre desquiciado al sentirse inútil y marginado en un país extraño. La posición de Miñarro no es la de ilustrar objetivamente una época, sino establecer una comparación con la situación actual del país, aunque, en este caso, al contrario que de lo que se pretendía en el franquismo, lo hace desde un punto de vista negativo.

La película está muy lejos de la glorificación de cualquier tipo. No existe en una figura positiva heroica. Amadeo de Saboya es un soberano progresista, con buenas ideas para sacar adelante un país, pero que también hace gala de un esnobismo exasperante. Stella Cadente critica, por un lado, a un pueblo ignorante que siempre ha tenido tendencia a dilapidar aquello que no comprende, lo extranjero, aunque ello vaya en contra de su propio beneficio, y, a la vez, la falta de disposición por parte del monarca por ganarse a sus súbditos y adaptarse a las costumbres de su nuevo país. Àlex Brendemühl, enclaustrado en los encuadres cerrados de Miñarro, resucita a este Amadeo que consigue transmitir empatía a través de la frialdad.

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El film es esencialmente pictórico, con referencias en ocasiones incluso demasiado explícitas (ese Origen del mundo inspirado en Gustave Courbet). Posee imágenes, como la del entierro de Juan Prim, que aluden a la pintura de historia del siglo XIX de Antonio Gisbert o José Casado del Alisal. Sin embargo, mientras que estos pintores pertenecían a una corriente en la que el significado de la obra era más importante que la forma, la película estaría más relacionada con la etapa inmediatamente posterior, representada por artistas como Francisco Pradilla o Antonio Muñoz Degrain, por su interés más plástico que temático. Miñarro quiere ilustrar conceptos relacionados con una figura célebre, no tanto trasmitir un mensaje. De cualquier modo, Stella Cadente está lejos de representar grandes escenas, sino que es un conjunto de estampas preciosistas que la emparentan más con la intimidad de un Caravaggio, en cuyos jóvenes parece haberse inspirado el director a la hora de representar a los ayudantes del rey.

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Stella Cadente es una inclasificable película, con la que Miñarro transforma y libera el género histórico de su encorsetado academicismo. Hace, simplemente, lo que le apetece, sin atender a normas establecidas, pero sin alejarse nunca (de hecho, probablemente se acerca más) de lo que es la pureza cinematográfica. Un trabajo fascinante, en cualquier caso.

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2 comentarios el “Stella Cadente (2014)

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