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Mr. Turner (2014)

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Mr. Turner, la película de Mike Leigh que retrata (nunca mejor dicho) parte de la vida del pintor J.M.W. Turner, parecería en principio propicia para poseer muchos de los clichés del biopic contemporáneo. Es decir, tratándose de una figura considerada patrimonio inglés, podría ser una representación aduladora; sin embargo, el enfoque es más bien desmitificador, buscando más el realismo que el halago. Podría también querer ser tan respetuosa que resultara solemne; pero su desarrollo se ejecuta a través de situaciones cotidianas, llenas de de toques de comedia irónica. Con una ambientación en el siglo XIX, Leigh podría amoldarse a cierto academicismo impersonal; pero, pese a su preciosista recreación de estampas y espacios, el director, que nos tiene acostumbrados a una lectura social de la clase obrera londinense actual, ha sabido adaptar una figura que siempre le ha interesado a su estilo naturalista. Es, por tanto, una película tan propia de su director, como diferente a lo que cabe esperar de una biografía.

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El filme recrea los últimos 25 años de la vida del artista, a través de su interacción con aquellos que le rodean, desde su padre (cuya muerte nunca llegó a superar), hasta sus relaciones afectivas con diferentes mujeres, y su trato con diversas personalidades del mundo del arte. Mr. Turner está compuesta por un excelso reparto británico, todos orbitando alrededor de la omnipresente figura de Timothy Spall, quien, pese a los elogios y galardones obtenidos (sin ir más lejos, el Premio del Cine Europeo el pasado sábado), realiza una interpretación caricaturesca. El personaje se salva, sin embargo, por su cuidada descripción: Turner es presentado como un hombre consciente de su maestría, pero reticente a los halagos, respetuoso con sus maestros (el momento de la defensa a Claudio de Lorena frente al crítico John Ruskin es deslumbrante), y con un carácter que, sin ser fácil, no da lugar a grandes conflictos en su vida diaria, muy parecida a la de cualquier otra persona.

La cinta sí que incide en Turner como representante de la modernidad en la pintura británica. Si bien nunca dejó de tener contacto con la Real Academia de Artes, su estilo fue precursor del impresionismo, y concebía un espacio único para toda su obra, accesible a aquel que quisiera, no como una actividad de ocio elitista. Turner quería además recrear en sus cuadros lo inmaterial de la naturaleza, la ferocidad de los fenómenos atmosféricos, la fugacidad del tiempo, o las variaciones de la luz. La fotografía es así el elemento esencial para dar vida a la película. Dick Pope, habitual colaborador de Leigh, realiza aquí su trabajo más ambicioso desde El ilusionista (2006), dotando a la imagen digital de una textura plástica, para reproducir los lienzos en un delicado equilibrio de metalenguaje pictórico.

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Quizás uno de los aspectos que más sorprenden de Mr. Turner sea la música de Gary Yehrson, con unos temas tan antimelódicos, de cuerdas disonantes, que parecen revelarse contra toda la tradición sinfónica y romántica decimonónica. Y, ¿no es esto lo que hizo Turner también con su pintura? De hecho, Leigh trivializa en cierta medida el romanticismo, convirtiéndolo más es realismo. No se rehúye además la eterna problemática del arte: el temor y el rechazo a lo nuevo, a lo diferente, a lo que se sale de los cánones. Turner es un interesado y defensor de los avances, y ahí están las referencias a todas la novedades de la era de la Revolución Industrial para dar fe: la difusión del daguerrotipo, la construcción del Crystal Palace de la Gran Exposición de Londres… Y en el arte, la aparición del prerrafaelismo, movimiento al que estaba asociado Ruskin (al que hemos mencionado antes), que en la película aparece como un pomposo joven (excelentemente interpretado por Joshua McGuire), pero que, precisamente, ofrece una interesante reflexión sobre el oficio crítico: Ruskin representa la figura del defensor de lo moderno, que aquel que se enfrenta a lo antiguo, pero que al mismo tiempo, corre el peligro de la sobreinterpretación y el esnobismo.

Leigh utiliza en Mr. Turner herramientas del presente para mirar al pasado, creando un conjunto atemporal, con una soltura  que se echa en falta en otras cintas del género, como por ejemplo en la también británica La teoría del todo, de James Marsh, por hacer referencia a una película coetánea (cuyo estreno en nuestro país es inminentemente). Mr. Turner es al biopic lo que el pintor fue al paisajismo: un liberador de estructuras, pero dentro de lo figurativo, de lo asequible. Sí, puede ser que Leigh no se salte todas las convenciones, pero definitivamente, no estamos ante algo habitual.

 

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Esta entrada fue publicada en 18 diciembre, 2014 por en Cine inglés y etiquetada con , , , , , .
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