La película del día

Críticas de cine y cobertura de festivales

63º Festival de San Sebastián: Cine español en la Sección Oficial (I)

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Comenzamos el repaso de las producciones españolas que particicipan en la Sección Ofical del 63º Festival de San Sebastián con una de las primeras películas que pudo verse, Truman“Lo más importante de la vida son las relaciones”, afirma Julián, el personaje interpretado por Ricardo Darín, en un momento concreto de la película, un comentario en el que Cesc Gay está reafirmándose a sí mismo. Y es que en efecto, el director catalán ha explorado a lo largo de su filmografía todo tipo de relaciones humanas, desde un punto de vista realista y natural. Puede que sea en este sentido en el que se resiente su último trabajo, una tragicomedia sobre el encuentro de dos viejos amigos por una triste situación. El tono general resulta mucho más forzado de lo que se podría esperar de Gay, y los diálogos impostados resultarían increíbles si no estuvieran en manos de dos actores tan enormes  como Darín y Javier Cámara (además de la curiosa sucesión de cameos de estupendos intérpretes, muchos de ellos habituales en la obra del director), a los que no les cuesta nada conseguir momentos de emoción sincera. Truman es una película que funciona mejor en las distancias cortas y a momentos aislados, pero que como trabajo completo, aún viéndose agradablemente no ofrece nada fuera de lo común.

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Después de que, en la pasada edición del festival, la primera película en euskera que participaba en Sección Oficial, Loreak, resultara una de las sorpresas más agradables, las expectativas estaban altas con Amama, de Asier Altuna. Pero poco tienen que ver estos dos trabajos además de compartir idioma; y es que si Loreak era una historia de amor universal que podía trasladarse a cualquier ámbito y lugar, Amama es un trabajo muy costumbrista sobre la vida de provincias, que se vuelve regionalista al hablar concretamente de la dureza del día a día en los caseríos vascos.

Altuna abre la película con una escena visualmente muy potente, para hablarnos, a través de un estilo pseudo-documental (aunque al mismo tiempo muy alegórico), que integra el videoarte en la narración de forma equiparable a la ficción, de los problemas que surgen de las diferencias entre padres e hijos, tradición y modernidad, y la vida rural y la urbana. La fotografía de Javier Agirre Arauso recuerda a la de Lois Patiño en Costa da morte (2013) por la manera poética en la que refleja la inmensidad del entorno natural, que engulle al ser humano. En este ambiente, se sucede un ciclo de vida y muerte que se manifiesta en el desarraigo de una generación incapaz de encontrar su lugar, por no poder cortar la cuerda que les une a sus raíces.

 

Fuera de competición: Mi gran noche

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Finales de 2015. En una cadena de televisión se está grabando el especial de Nochevieja para celebrar la llegada del Nuevo Año. Este rodaje dará lugar al encuentro de todo tipo de variopintos personajes, desde los extras hasta estrellas de la canción, entre los que se mezclan amores, odios, celos, engaños e incluso intentos de asesinato. Una trama así solo podría estar ideada por alguien como Álex de la Iglesia, y Mi gran noche, su último filme, mantiene y explota al máximo su estilo frenético, con un montaje que no da tregua y un reparto inmenso plagado de los rostros habituales del director. Pero lo que realmente es esta película, es un show para Raphael (para él y para sus canciones), estupendo interpretando a Alphonso, un divo de la canción retratado como un malvado de tebeo. Casi como efecto colateral de esto, el que se acaba luciendo más es el televisivo Jaime Ordóñez, cuya imitación de la canción que da título a la película es el momento más hilarante del conjunto. De hecho, cualquiera de los números musicales, desde el de apertura hasta el Bombero de Adanne (Mario Casas), son lo más conseguido de la cinta.

Recuerda quizás a una de las películas consideradas más impersonales de su director, La chispa de la vida (2011), especialmente por su crítica a los medios, pero sin profundizar en ello. Y es que no hay aquí más pretensiones que reírse de todo y de hacer reír, y aunque no llega al nivel cómico que alcanzó en Las brujas de Zugarramurdi (2013), sí que está mucho mejor rematada que aquella. No es de extrañar que Mi gran noche no haya entrado a competición en el festival, pasará como una película menor en la filmografía del director, y de hecho lo es, pero como mínimo, da lo que se espera de ella: un rato muy entretenido.

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2 comentarios el “63º Festival de San Sebastián: Cine español en la Sección Oficial (I)

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