La película del día

Críticas de cine y cobertura de festivales

The Assassin (Nie yin niang, 2015)

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Reseña de Miguel Delgado

El Wu Xia es el nombre género de artes marciales por excelencia en China. Bajo este término acuñado a principios del siglo XX, englobando historias de prácticamente los últimos 2000 años del país, encontramos numerosos ejemplos en la literatura, pero también en cómics, videojuegos, y por supuesto películas. Hay durante toda la historia del cine chino muchos ejemplos de este tipo; sin embargo en Occidente vimos cómo ganó en reconocimiento y popularidad a principios del siglo XXI con Tigre y Dragón (2000) de Ang Lee y el cine de Zhang Yimou, y su consecuente presencia en la temporada de premios. Últimamente ese pequeño fervor ha pasado, y ya no nos suelen llegar muchas de estos filmes, que sin embargo no han dejado de hacerse ni de gozar del éxito en su lugar de origen. Tienen que ser casos muy destacados como el de la última película del taiwanés Hou Shiao-Hsien, The Assassin, para que acabe en nuestros cines.

Al parecer, Hou Hsiao-Hsien siempre había querido hacer un Wu Xia, pero hasta ahora no había podido embarcarse en un proyecto de abultado presupuesto como requieren estos para su ambientación, y había desarrollado (para quien no lo conozca) una carrera importante dentro del drama intimista, hasta que por fin ha podido cumplir su deseo. Un deseo que ha llegado a buen término, consiguiendo ganar el premio al mejor director en Cannes y una aclamación general. The Assassin es objetivamente un buen trabajo, aunque eso sí, dista mucho de ser mínimamente accesible. Y es que Hsiao-Hsien no se ha vendido en pos de espectaculares batallas.

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The Assassin se ha vendido como “una revolución en el Wu Xia” y de alguna manera es cierto, pero por el simple hecho de que no nos encontramos ante una cinta de artes marciales. Ni lo es, ni lo pretende. Las tres escenas contadas en las que hay enfrentamientos están resueltas de manera rápida y sin demasiados alardes. Quien vaya buscando y/o esperando esto se encontrará con una amarga decepción. Aunque la ambientación sí es la adecuada. Durante el siglo IX, una asesina volverá a su región de origen para matar a un antiguo prometido suyo, ahora señor del lugar… La trama de la película es bastante simple en su totalidad, pero tanto el realizador como sus co-guionistas la revierten de un halo críptico, insondable, en el que algunos personajes y situaciones resultan indescifrables. Y mucho más con solo un primer visionado.

Lo más aclamado de la cinta es su trabajo visual, y ciertamente es su punto fuerte. Empezando por un cuidadísimo diseño de producción, todo está resuelto con una labor sobresaliente: la fotografía con unos colores vivos, los juegos realizados con cortinas y telas varias… La ausencia de cortes dentro de muchas secuencias crea una serie de cuadros que ganaran al espectador por los ojos. Pero Hou Hsiao-Hsien tampoco se deja llevar por una espectacularidad visual desmedida, y apuesta por el intimismo visual. El uso, durante casi toda la película de un ratio de pantalla de 4:3 mantiene los márgenes de la grandeza bastante encerrados, lo que hace que incluso los grandes exteriores resulten menos abrumadores. Por desgracia, para apreciar la película de verdad tendría que verse en una pantalla considerablemente grande.

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El problema es que, con todo, la película no emociona en ningún momento, y eso que a pesar de su simpleza trata temas bastante emocionales, como la venganza o el amor. Pero no hay lirismo en la película. Sí mucha poesía pictórica que se queda en la mera superficie, pero ni lo que se cuenta, tanto por el lenguaje verbal como con el visual, resulta interesante, y lo que se intuye por debajo aún menos. Así lo que nos queda es un puñado de imágenes preciosas, de cuadros epatantes pero inocuos, que no transmiten nada en lo referente a sentimientos humanos relacionados con la supuesta trama. Muy lejos de la excesiva afirmación de que es la película más bella jamás vista, como no han dudado en enunciar algunos. Y es que comparado con la belleza que Wong Kar Wai conseguía en The Grandmaster (2013), tanto en sus imágenes como en la historia que estas representaban, la cinta pierde muchos enteros. Y es solo un ejemplo muy cercano dentro de este género. La música se suma a este interés por no provocar nada, limitándose al uso de instrumentos y composiciones propias de la época (algo que por otra parte, no es nada desdeñable).

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Para aquellos dispuestos a buscar las aristas más afiladas del cine, las propuestas más diferenciadas, The Assassin será una joya a admirar. Para otros, su ritmo lento y su estilo se harán absolutamente insoportables. No es una película fácil de afrontar, que de tan íntima acaba siendo casi impenetrable. Y es que llama la atención la adoración que está provocando por este mismo hecho, a pesar de su impecable puesta en escena.

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Esta entrada fue publicada en 26 noviembre, 2015 por en Cine asiático y etiquetada con , , , .
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