La película del día

Críticas de cine y cobertura de festivales

La gran apuesta (The Big Short, 2015)

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Reseña de Miguel Delgado

¿Qué hay de raro en una película sobre la crisis económica mundial con un gran reparto y con una importante presencia en los Oscar? Todo parece en su sitio, pero no así hace meses cuando se anunció el proyecto de convertir La gran apuesta en una cinta de la mano de Adam McKay, director que hasta el momento solo nos había entregado comedias  absurdas con su inseparable Will Ferrell como la saga de El reportero, o Hermanos por pelotas (2008), que si bien funcionaban de maravilla como lo que eran, no dejaban de ser filmes de trazo grueso. Pero este es el año de McKay, y tras ver como el guión que co-escribió para Ant-Man conseguía muy buena acogida, ahora ve su nombre en las categorías de mejor director y mejor guion en los premios más importantes de Hollywood. Nadie podría haberlo imaginado hace un par de años, pero ¿de verdad ha dado un salto tan grande en su carrera?

Basado en el libro de Michael Lewis, la película se centra en una serie de individuos que previeron la crisis inmobiliaria que provocó la crisis económica mundial antes de que nadie se diera cuenta. Como ocurre en muchas ocasiones, la historia es tan buena que tendría que haber estado de una manera increíblemente torpe para que fuera considerado un fracaso. Por suerte no es el caso, aunque La gran apuesta no es perfecta. Empezando por aquellas cosas que no funcionan como deberían, podemos hablar de un estilo del director. McKay cambia de manera radical su estilo visual y no es extraño pensar que planteó este como su fuera de nuevo su primer trabajo. Así pasamos de un estilo estilizado e invisible de sus comedias a la planificación pseudo-documental, con movimientos rápidos de apariencia improvisada que no siempre funcionan, sobre todo en su primer acto, en el que parece más preocupado en buscar los marcados tics de Christian Bale que en centrarse en la trama. Por suerte el personaje de Bale es muy secundario, mientras que la película hace gala de un montaje excelente que consigue sacar oro de la dirección.

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Pero, en contra de este realismo, encontramos algunos momentos, sin duda para darle a la cinta un aire más irónico y dinámico, en los que se rompe la cuarta pared. Es claramente un truco copiado de Scorsese, que lo ha usado en algunas películas incluida El lobo de Wall Street (2013). Pero este salto imposible choca con el tono de la película, más cercano en su frenetismo de imágenes a David O. Russell que al director de Taxi Driver (aunque la herencia e imitación de éste en el cine de O. Russell también es evidente). Por último tampoco termina de convencer los pequeños momentos en los que se intenta tratar de manera emotiva los traumas de algunos personajes. Son dos instantes mínimos que nada tienen que ver con el tono general y resulta impostado.

Una vez repasados estos elementos, y aunque cueste entrar un poco en la cinta, poco a poco y según va desarrollándose la trama, uno se ve interesado y golpeado por lo que se cuenta en pantalla hasta terminar completamente embaucado. La película no se corta ni un pelo en entrar de lleno en teoría y jerga económica. Se agradecen las explicaciones simplificadas y más aún que ingeniosamente vayan de manera paralela a la trama. Aunque uno pueda perderse en alguna conversación, finalmente la idea es clara e importante. Ningún trabajo cinematográfico se había adentrado tan de lleno y profundamente en las razones de la crisis y lo que la provocó, y en ese sentido es una obra valiente e incluso necesaria. Resulta extraño el hecho de que haya sido catalogada de comedia, cuando resulta tremendamente agria y por momentos bastante dura, a pesar de cierto toque irónico y sarcástico ante una situación que observada desde lejos se antoja dantesca.

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También se ve beneficiada por un reparto que realiza un gran trabajo. Destaca de entre todos Steve Carell (este hombre no tiene techo), que poco a poco va creciéndose hasta comerse a todos los demás. Bastante más secundarios son Christian Bale, muy entregado pero al que no beneficia la excesiva atención visual que le presta McKay, un divertido Ryan Gosling, y Brad Pitt, que además de productor se ha reservado un curioso aunque sobrio papel. Por encima de ellos en la trama encontramos nombres poco reconocidos como el de Jeremy Strong o Finn Wittrock, que miran a las estrellas de tú a tú. Eso sí, que nadie espere grandes personajes femeninos. Marisa Tomei, Melissa Leo o Karen Gillan salen en una o dos pequeñas escenas, lo que es un desperdicio enorme de talento.

Tampoco sería lo mismo sin esa maravillosa selección de canciones que van pasando por el metraje y que ambientan de maravilla la película. Así, con algunos elementos que no acaban de funcionar, La gran apuesta se destapa como un trabajo divertido, pero que levantará ampollas, digno de verse para todas aquellas personas que tengan curiosidad por saber cómo se mueve el mundo en el que vivimos.

 

Un comentario el “La gran apuesta (The Big Short, 2015)

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