La película del día

Críticas de cine y cobertura de festivales

La ley del mercado (La loi du marché, 2015)

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Mucho se comenta en los últimos tiempos que la salida de la crisis económica mundial en la que nos sumimos hace unos años no solo está cerca, sino que ya está en marcha. El cine, sin embargo, se resiste a ver la actualidad desde una óptica tan optimista. Así lo evidencian los estrenos muy cercanos en nuestro país de películas como la nominada al Oscar La gran apuesta (2015), que ofrece un panorama de las causas que generaron la crisis inmobiliaria de 2008, pero manifestando que, aún llegando a las peores consecuencias, la solución pasa por favorecer a los propios responsables del problema; la española Techo y comida (2015, reciente ganadora del Goya a la mejor actriz), ambientada en 2012 para ilustrar el inicio de un proceso de desahucios que llega al día de hoy; y La ley del mercado (2015), que aparece ahora a las pantallas avalada por su premio al mejor actor en el pasado Festival de Cannes. La cinta del francés Stéphane Brizé empieza directa, casi cogiendo desprevenido al espectador, introduciéndonos en el día a día de Thierry, un hombre de 51 años en paro que busca trabajo para poder continuar con su vida normal.

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En la primera parte del filme, Brizé va asentando las bases que configurarán su estilo visual: un naturalismo propio del cine social, cámara en mano y dilatación extrema de las escenas, siempre poniendo el foco en Vincent Lindon; el actor despoja de cualquier glamour interpretativo a Thierry, convirtiéndole en un personaje de carne y hueso. De esta forma, se alternan momentos de cotidianidad nada forzada con su familia, con otros en los que le vemos pidiendo un préstamo al banco o asistiendo a diferentes entrevistas de trabajo. Un bucle sin salida en el que, quien puede, intenta aprovecharse de la situación. En este sentido, se incide en una cuestión que no suele manifestarse en las películas sobre este tema: la pérdida de tiempo que todo ello conlleva, algo que ya nunca se va a poder recuperar.

La cinta da un giro cuando Thierry es contratado como guardia de seguridad en un supermercado. Un puesto en principio monótono, pero en el que el auténtico conflicto es que, en ese lugar, impera la ley del más fuerte: para mantenerse hay que pasar por encima de cualquiera, incluidos los compañeros. A través de la reiteración de las mismas situaciones jornada tras jornada, Brizé decide no poner a su protagonista ante ninguna situación evidentemente extrema o extraordinaria, sino que más bien muestra cómo va desapareciendo poco a poco todo lo que había ganado con los años, desde bienes materiales hasta su propia dignidad o su moral. Ese es el auténtico efecto devastador de la crisis: el tener que adaptarse a cualquier cosa para (sobre) vivir.

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A pesar de cierto estancamiento en su narración a partir de la mitad del metraje, y de algún apunte algo dramático (que no dramatizado), La ley del mercado destaca por su honesta falta de tremendismo, su ejecución casi documental, y su manejo de una relativa ambigüedad, especialmente en su conclusión: apreciamos en ella cierta liberación, como la sensación de haber hecho lo correcto, de gozar todavía de un albedrío del que podemos echar mano. Pero, ¿hasta que punto es cierto esto? ¿Qué será del protagonista al cerrarse el último plano? Estamos ante un trabajo que no da respuesta ni soluciones, sino que, a través de un individuo, invita a reflexionar sobre un panorama general que no tiene aspecto de cambiar a corto plazo.

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Esta entrada fue publicada en 12 febrero, 2016 por en Cine francés y etiquetada con , , .
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