La película del día

Críticas de cine y cobertura de festivales

Anomalisa (2015)

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Tras encandilarnos en su visionado en el Festival de San Sebastián, celebramos el estreno de Anomalisa, la película de Charlie Kaufman y Duke Johnson, con dos textos que la abarcan desde distintos puntos de vista, a nivel técnico y emocional.

 

Reseña de Miguel Delgado

Cuando se anunció que lo nuevo de Charlie Kaufman sería una película de animación en stop-motion, la curiosidad por lo que un autor de su categoría pudiese hacer con esta técnica fue tremenda. Caracterizadas sus obras por su particular originalidad, en la que una especie de absurdo realismo mágico sirve de espejo deforme para hablar de nosotros mismos mejor que cualquier otro, se podría esperar que supiese explotar este nuevo elemento que se le presentaba, y que no hubiese cambiado simplemente personas por muñecos. Finalmente, la cinta funciona por muchos motivos, tanto a niveles puramente técnicos como en lo narrativo.

No deja de resultar interesante que el hecho de recurrir a la artificialidad que proporcionan las maquetas utilizadas, se refleje el mundo en el que vivimos de una manera tan fidedigna. También resulta una manera más elegante (e imagino que menos costosa) de mostrar esa sociedad formada por personas apenas distinguibles entre ellas. En lo visual, tanto Kaufman como el especialista en stop-motion Duke Johnson se atreven con los movimientos más difíciles, imaginativas transiciones propias de la animación e incluso con algunos planos secuencia. También resulta destacable el uso de una maravillosa fotografía real y la banda sonora de Carter Burwell, que toma el relevo de Jon Brion (compositor habitual de las películas en las que ha participado el famoso guionista y ahora director), y entrega un estupendo trabajo en el que puede que sea el mejor año de su carrera (destacando las composiciones para Mr. Holmes y Carol)

Anomalisa es, sin duda, una película puramente Kaufman, con sus inquietudes habituales: esa desconexión del hombre con el entorno que le rodea, la soledad que les embarga, las obsesiones por conseguir algo que les haga salir de la monotonía de la vida (fracasando casi siempre), expuesto con la originalidad a la que nos tiene acostumbrado con la novedad de entrar en un campo nuevo para él.

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Reseña de Sofia Pérez Delgado

La soledad y el hastío llevan a un estado de indiferencia y de aislamiento, que son los principales males que atacan al individuo de la sociedad posmoderna. La gente solo se relaciona de forma mecanizada, todos hablan pero nadie se escucha ni se entiende, y las conversaciones se confunden unas con otras hasta convertirse en el misma sonido. Mientras, los fragmentos del pasado no son más que un melancólico recuerdo de lo que se tuvo y no se puede recuperar. Si ese era el futuro cercano que imaginaba Spike Jonze en Her, el guionista Charlie Kaufman ya lo había empezado a desarrollar allá por 2004 con ¡Olvídate de mí!. Ahora, también tras las cámaras y junto a Duke Johnson, plantean la situación pero no en plena actualidad, sino volviendo a aquellos primeros años del nuevo siglo. Anomalisa se desarrolla en 2005, en plena época de George Bush, y para su protagonista, Michael Stone, escuchar una voz diferente (concretamente, la de Jennifer Jason Leigh, que ha regresado con fuerza a la primera línea del cine con ésta y Los odiosos ocho) en un ambiente así es como un milagro al que aferrarse para salir de la infelicidad.

Anomalisa, haciendo juego con su propio título, es una rareza excepcional por su valentía a la hora de defender un discurso contrario al de la mayor parte de la cultura romántica, que casi nunca parece atreverse a rematar sus argumentos de la forma más congruente: hay personas que están hechas las unas para los otras, sí; hasta que dejan de estarlo. Aquello que hace excepcional a la pareja poco a poco desaparece, dejando en evidencia los defectos que antes parecían mínimos. De esta forma, se rompe la ilusión del alma gemela, del amor eterno. El verdadero drama de Michael, y del ser humano en general, es buscar algo que no existe, que cambia, se transforma y muchas veces, aunque queramos impedirlo (como se observa en el momento de la pesadilla), acaba por desaparecer. Pero quizás también haya un contrapunto positivo, una manera de superar la crisis: aprender de las experiencias, y, de este modo, aprovecharlas para recuperar la autoestima.

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Esta entrada fue publicada en 17 febrero, 2016 por en 63 Zinemaldia, Cine americano y etiquetada con , , , , .
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