La película del día

Críticas de cine y cobertura de festivales

El cuento de la princesa Kaguya (Kaguya-hime no Monogatari, 2013) y El recuerdo de Marnie (Omoide no Mânî, 2014)

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El estreno simultáneo en las pantallas españolas de las películas producidas por Ghibli El cuento de la princesa Kaguya y El recuerdo de Marnie, a pesar de constituir un motivo de celebración, viene acompañado por un sentimiento de tristeza. El anuncio de la retirada de Hayao Miyazaki en Septiembre de 2013 con El viento se levanta, unido a la presentación del que seguramente era el último trabajo de otra figura capital como Isao Takahata, llevaron a plantearse el futuro próximo del estudio de animación nipón más importante. Éste no tardó en revelarse un año escaso después: en Agosto de 2014 se anunció la clausura (en principio temporal) de la sección de largometrajes de la compañía que creó personajes tan inolvidables como el de Totoro (convertido en logotipo de la misma).

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Como comentábamos, tras 8 años de trabajo Isao Takahata estrenó su último filme, El cuento de la princesa Kaguya, una bella fábula llena de matices que, sin embargo, supuso un fracaso comercial, probablemente por no encontrar un público acorde. Efectivamente, aunque está basada en un cuento folclórico clásico, es demasiado adulta para los niños, pero quizás demasiado simbólica para los adultos. La historia gira alrededor de una jóven que nace dentro de un tronco de bambú, a la que cuidarán una pareja de ancianos, con la esperanza de convertirla en una princesa. Los primeros años de la protagonista están contados con ternura y sensibilidad, en los que queda asentada una de las constantes de Ghibli, la importancia del respeto y el contacto con la naturaleza. La cuidada ambientación llegará a su punto álgido cuando Kaguya se haga adulta, poniendo el foco de atención en las costumbres y tradiciones de la época. Y aunque incluye situaciones cómicas en relación a los pretendientes que quieren casarse con ella, también se evidencia el sometimiento de la mujer en Japón.

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Pero a pesar de todo lo dicho anteriormente, no estamos ante una obra exclusivamente realista. Y eso está expresado desde su misma animación, a base de trazos sueltos e impresionistas, con algún momento que se atreve casi con la abstracción, como cuando la infelicidad de Kaguya se hace tan palpable que no puede representarse a través de la figuración. El cuento además está impregnado de magia, desde la misma aparición de la protagonista hasta su manera de crecer, o de finalmente marcharse. Porque la princesa debe volver a su lugar de origen, un regreso lleno de emotividad tanto por sus valores como por su riqueza de imaginería y de referencias iconográficas.

También El recuerdo de Marnie, última película que produjo Ghibli antes de su cierre, acaba con partidas, que son menos melancólicas, sino alegres, temporales; pero aun así, resulta imposible no identificarlas con la despedida del propio estudio, que al igual que a Anna, la protagonista huérfana del filme, también deja un poco desamparados a todos los que crecieron y se hicieron adultos (a su pesar) viendo sus obras. Resulta lógica, por tanto, su nominación a los últimos Oscar como forma de homenaje, a pesar de tratarse de una película menor del estudio. El segundo trabajo de Hiromasa Yonebayashi tras Arrietty y el mundo de los diminutos (2010), basado como aquella en una novela británica, se trata de un relato de adolescencia y aislamiento del entorno. Anna se muda a un pueblo a recuperarse de una enfermedad, un tema recurrente sobre todo en el cine de Miyazaki, y allí entablará amistad con una misteriosa joven, Marnie.

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La cinta es Ghibli en estado puro, mucho más realista en su animación que El cuento de la princesa Kaguya, con un tratamiento casi fotográfico de ambientes y paisajes. Pero su historia y el desarrollo de la misma crea más confusión que interés. Durante gran parte del tiempo no sabemos si la relación que se establece entre las dos chicas forma parte de una fantasía, si hay algún componente fantasmagórico, o si incluso se puede tratar de una historia romántica velada. Una vez resuelta la cuestión, la película tampoco tiene mucho más que aportar, y se decanta por recrearse en lo lacrimógeno, apoyándose en la banda sonora de Takatsugu Muramatsu. Claro que si uno se deja llevar por la nostalgia de las circunstancias, se sentirá conmovido con una obra agradable aunque sin demasiada trascendencia.

Nos encontramos ante el fin de una etapa fundamental de la animación japonesa, difícilmente superable, pero que deja paso a nombres como Keiichi Hara (Colorful -2010-, Miss Hokusai -2015-) o Mamuro Hosoda, que en unas semanas estrena además su nuevo trabajo, presentado en el Festival de San Sebastián, El niño y la bestia (2015), para mostrarnos diferentes maneras de abordar este tipo de cine. Así pues, solo queda recibir las dos obras de Ghibli con la atención que se merecen, y manteniendo el espíritu que aquellos maestros querían transmitir a través de todas sus propuestas. Es lo mínimo que se merecen.

Un comentario el “El cuento de la princesa Kaguya (Kaguya-hime no Monogatari, 2013) y El recuerdo de Marnie (Omoide no Mânî, 2014)

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Esta entrada fue publicada en 17 marzo, 2016 por en Cine japonés y etiquetada con , , , , , .
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