La película del día

Críticas de cine y cobertura de festivales

Entrevista: Mamoru Hosoda

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“La oscuridad no es algo negativo […] Es un arma necesaria para poder crecer”

El director Mamoru Hosoda, una de las voces más fuertes de la animación japonesa del nuevo siglo, hacía historia el año pasado en el Festival de San Sebastián, siendo su último trabajo, El niño y la bestia, la primera película de imagen no real participante en la Sección Oficial. Esta singularidad contrastó sin embargo con la tibia acogida que el film recibió en el certamen. A punto de llegar a las pantallas españolas, podéis leer nuestra entrevista con el realizador durante su paso por el festival.

 

Encontramos muchas constantes en su cine. La primera, la importancia del paso del tiempo y de las elipsis. En La chica que saltaba a través del tiempo (2006), la protagonista poseía la facultad que dice el título; en Wolf Children (2012), una misma película abarcaba 13 años; y de nuevo en El niño y la bestia, el personaje principal pasa de los 9 a los 17 años. ¿Qué le interesa del tiempo?

Es cierto, trato el concepto del tiempo porque es un elemento muy interesante. Y también algo misterioso, porque produce cambios. Por ejemplo, cosas que no nos gustaban de alguien en un principio, pasado un tiempo quizás empiezan a gustarnos. Y estos cambios pueden ser radicales, pero también pueden suceder sin darte cuenta, poco a poco y sin saber por qué.

 

Otro tema al que vuelve, y que ya habíamos visto en Wolf Children, es el de la madurez de los personajes…

Os voy a contar una anécdota con respecto a esto: una vez, estando en América, un chico negro, ya mayor, me dijo que había visto todas mis películas, y que le encantaba Digimon (2000). Me hace muy feliz cuando la gente me dice que veía mis películas cuando eran pequeños, y aún siguen gustándoles. Yo hice Digimon hace 15 años, para mí no son muchos porque soy adulto, pero pensé que en esa época ese chico debía ser un niño, y para alguien joven el cambio que se produce supone mucho más.  El proceso de madurez es maravilloso, porque tiene algo mágico, y por eso me interesa mucho también.

 

Pero aunque el guion de El niño y la bestia trata estos aspectos recurrentes que hemos mencionado, la película posee multitud de elementos. ¿Cuál es el tema que más le interesa de ella?

El mensaje que quería transmitir es que normalmente pensamos que solamente son los hijos los que crecen, pero creo que los padres pueden crecer también criando a sus hijos. Es sencillo, pero para expresarlo bien necesitaba muchos elementos. También quería trasmitir esa etapa de búsqueda de identidad por la que pasan los adolescentes de todo el mundo cuando, como en la película, sienten que les falta algo y tienen un agujero.

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En el cine japonés suelen tener mucha importancia las escenas relacionadas con la comida, y en esta película ocurre lo mismo…

La escena en la que los protagonistas comen huevos crudos está puesta a propósito, para acentuar la diferencia cultural con los extranjeros que la vieran, ya que sé que no es normal que los coman. Ese momento además es importante, porque Kyuta (pese a ser japonés), no quiere comer los huevos, y sin embargo hace el esfuerzo para convertirse en aprendiz de Kumatetsu. Hay otro elemento importante en las escenas de comida en general: creo que mientras comemos podemos conectar más fácil con la gente con la que estamos hablando.

 

La banda sonora, de nuevo obra de Masakatsu Takagi, vuelve a intervenir casi como un protagonista más de la historia ¿Cómo es el trabajo con él?

Antes de trabajar con Takagi por primera vez en Wolf Children, yo ya escuchaba su música y me gustaba mucho, me parecía arte realmente. Siempre pensaba que su música podía venirle bien a mis películas. Takagi no había compuesto nunca la banda sonora de un largometraje entero antes de Wolf Children, solamente de un corto. Por lo que para él han sido procesos muy duros. Pero al final los resultados han sido fantásticos. Creo que tengo buen ojo (Risas)

Como en el balneario de los dioses de El viaje de Chihiro (2001) de Hayao Miyazaki, o en el mundo de los sueños de Paprika (2006) de Satoshi Kon, en el mundo imaginario de El niño y la bestia se desarrollan algunas de las virtudes y los defectos de la sociedad humana, estableciendo un paralelismo entre ambas. ¿A qué conclusión podemos llegar con respecto a la humanidad? ¿Su punto de vista es positivo o negativo?

Normalmente los humanos pensamos que somos superiores a todo (animales, naturaleza, etc.). Solamente creemos que hay algo superior: los dioses. Esto se debe a que todos los humanos tenemos una parte oscura, cosas que no podemos superar aunque lo intentemos, lo cual produce un constante sufrimiento. Los dioses ya han superado esto, y en su alma no hay oscuridad. Pero en comparación con El viaje de Chihiro o Paprika, lo que yo he querido transmitir es que la oscuridad no es algo negativo. Creo que la película de Kon solo explora la maldad de los humanos, y en la de Miyazaki en cambio al final vence la luz. Para mí, la oscuridad es un arma necesaria para poder crecer.

Entrevista realizada en el Hotel María Cristina de San Sebastián,

el 23 de Septiembre de 2015

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Esta entrada fue publicada en 11 abril, 2016 por en 63 Zinemaldia, Cine japonés, Entrevistas y etiquetada con , , , .
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