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Demolición (Demolition, 2015)

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Reseña de Miguel Delgado

El director de origen canadiense Jean-Marc Vallée alcanzó el reconocimiento cinematográfico con Dallas Buyer Club (2013), aunque ya tenía una amplia carrera a sus espaldas. Esta película fue un éxito inesperado de la temporada de premios, consolidándole  como un realizador con prestigio, que le ha permitido seguir trabajando en Estados Unidos con importantes repartos. Tras no repetir el nivel de éxito con Alma salvaje (2014), ahora estrena Demolición, una cinta muy en la línea de sus últimos trabajos protagonizada por Jake Gyllenhaal, actor que vive una etapa bastante dulce en su carrera.

La historia de Davis Mitchell, un hombre que se encuentra en la situación de superar la pérdida de su mujer, le sirve a Vallée para exponer su habitual manera de rodar, siempre cámara en mano y con una visión realista, así como el uso de un gran trabajo de montaje para introducir hábilmente los recuerdos y pensamientos del protagonista. También destaca el hecho de que, con este material, la cinta navegue entre el evidente drama y la comedia sarcástica, reflejada en la actitud fría y despiadada del mundo de los negocios en la actualidad y de los individuos que se encuentran dentro del mismo. Esos toques más humorísticos dan un aire especial al filme y añaden originalidad a un tipo de relato muy manido.

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Vallée consiguió que tanto Matthew McConaughey como Jared Leto consiguiesen en 2013 ganar el Oscar, y también granjeó nominaciones para Reese Witherspoon y Laura Dern al año siguiente. No es de extrañar que no tenga problemas en encontrar actores importantes para sus proyectos. Jake Gyllenhaal ha demostrado en numerosas ocasiones lo buen actor que es, y en esta película de nuevo se carga todo el peso sobre sus espaldas con una facilidad pasmosa y una capacidad encomiable de mostrar las diferentes facetas de un personaje cambiante y evolutivo. A su lado, otros actores de renombre como Naomi Watts o Chris Cooper ejercen con sobriedad de secundarios, pero la figura de Gyllenhaal es el epicentro de la narración. Mención especial merece la selección de temas que funcionan como banda sonora de la película, prácticamente un personaje más y que funcionan a la perfección en cada momento en el que suenan.

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Sin embargo, hay unos cuantos defectos que hacen que Demolición no consiga levantarse por completo. Se usan varios detalles argumentales inverosímiles en su esfuerzo por ser “cool”, algo típico del cine indie americano (las cartas del protagonista a la empresa, recurso demasiado fácil y poco realista), así como otros en los que una sensiblería impropia del tono del relato sale a relucir, acercando la cinta a terrenos más propios del telefilme de sobremesa, algo ya habitual en las películas del director. Por suerte no es la tónica general, aunque precisamente por eso estos momentos resultan más molestos.

Al final la cinta es un trabajo que habla de la superación de la perdida sin  resultar todo lo rompedora que podría,  pero que cuenta con factores de lo más interesantes para, como mínimo, disfrutar de su visionado. En resumen, lo que se puede esperar de Vallée viendo la carrera que ha llevado en los últimos tiempos.

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