La película del día

Críticas de cine y cobertura de festivales

64º Festival de San Sebastián: Sección Oficial (I)

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Nos adentramos de lleno en la Sección Oficial a competición de 64º Zinemaldia para empezar por una de las tres representantes españolas (esta edición se ha reducido el número de producciones de nuestro país considerablemente): Que Dios nos perdone. Tras sorprender con su debut en solitario, Stockholm, el director Rodrigo Sorogoyen abandona el modelo de cine low-cost de aquella para adentrarse, de la mano de una gran productora (Atresmedia) en un modelo de thriller español que ya empieza a generar escuela y unos rasgos muy (quizás demasiado) marcados, con un localismo del que Alberto Rodriguez (que este año compite también en el Festival con El hombre de las mil caras) es el mayor representante. En este sentido, Sorogoyen, que repite ubicación madrileña (y por tanto, a un carácter entre chulesco, cómico y dramático), aplica un casticismo más propio de El crimen de la calle bordadores (1946) que del cine de género norteamericano actual. Ambientada en su mayor parte en el verano de 2011, entre el estallido del 15-M y la Jornada Mundial de la Juventud con la visita del Papa a la capital, dos policías comienzan a investigar diferentes asesinatos, que poco a poco irán desvelando nexos en común.

Se pueden empezar a reconocer en Sorogoyen algunos aspectos autorales: para empezar, como hemos comentado, Madrid vuelve a ser un personaje más, y los protagonistas recorren su corazón, es decir, el centro de la misma, casi siempre entre calle abarrotadas de gente o a través de claustrofóbicos espacios cerrados. El director vuelve a mostrar su pericia para rodar dentro de los mismos, ofreciendo un despliegue visual muy personal. Además, tanto entre los dos protagonistas (encarnados por Antonio de la Torre y Roberto Álamo), como en la relación con los que les rodean, y en la que el asesino establece con sus víctimas, volvemos a observar esos vínculos de poder entre caracteres mentalmente inestables, con problemas psicológicos cuyos motivos (como los de Aura Garrido en la propia Stockholm) no acabarán de desvelarse. Un uso del fuera de campo muy medido, que contrasta con resoluciones muy aleatorias y planitud a la hora de exponer algunas situaciones.

Que Dios nos perdone no deja de tener aspectos destacables, pero la libertad que se apreciaba en la anterior película de Sorogoyen aquí queda coartada por la necesidad de recurrir a tópicos del género para atrapar a un público concreto, que hacen que se resienta el el pulso narrativo de una obra que no apela tanto como pretende a la obligación de hacernos responsables de nuestros actos y de las consecuencias de los mismos.

(Anti)heroínas literarias: I am not Madame Bovary y Lady Macbeth

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El cine del reconocido director chino Feng Xiaogang suele caracterizarse por una combinación de pretensiones comerciales y un cuidado estético muy potente, así como por el análisis del pasado de su país para analizar el presente. Todo ello se encuentra presente en la película que ha presentado en el Festival de San Sebastián, I am not Madame Bovary. Inspirándose en una historia de la Dinastía Song, sobre una mujer, Pan Jinlian, que tiene un affair con un boticario para que le ayude a asesinar a su marido, el filme va a seguir los pasos durante 10 años de Li Xuelian, que fue engañada por su marido con un divorcio falso y así conseguir una apartamento, oportunidad que él aprovechó para irse con su amante. Ahora, Li Xuelian quiere volver a casarse para divorciarse consecuentemente, y poder limpiar un nombre que ha quedado mancillado para siempre después de que su marido la haya llamado ante todos Pan Jinlian, es decir, infiel. Firmemente decidida a desmentir la acusación de haberse comportado como la protagonista del libro de Gustave Flaubert, la mujer apelará año tras año, en un proceso que se antoja burocráticamente imposible.

El empeño que absorve la vida de Li Xuelian recuerda al de Shlomi Elkabetz en Gett. El divorcio de Viviane Amsalem (2014), sin bien en aquella la repetición servía como una manera de crear angustia, mientras que Feng Xiaogang se reitera y ahoga en los diálogos y las situaciones repetitivas, y en sobreexplicaciones innecesarias. También el formato circular, con algunos cambios que no siguen un carácter narrativo, se antoja caprichoso y puramente artístico, lo cual no desmerece unas composiciones muy cuidadas a inspiración de Ingres. Finalmente, la denuncia social que es la razón de ser de I am not Madame Bovary queda aligerada por sus con toques cómicos, pero sus más de dos horas de duración se antojan injustificables.

Al igual que el calificativo Pan Jinlian, llamar a una mujer Lady Macbeth en la cultura occidental también tiene connotaciones negativa, refiriéndose a aquellas mujeres de carácter pérfido que buscan sin escrúpulos llegar a sus fines a través de cualquier medio. La esposa del protagonista de la famosa obra de Shakespeare es un personaje tan interesante y complejo, dominado los movimientos del hombre a su antojo, que ha tenido sus propias extensiones particulares, entre ellas la novela corta escrita por Nicolái Leskov Lady Macbeth de Mtsensk, que ha dado pie a una ópera de Dmitri Shostakóvich, y a dos películas, la primera dirigida por Andrzej Wajda en 1961, y ahora, una versión dirigida por William Oldroyd con la colaboración de la BBC. Por la calidad creciente de las producciones de de la cadena británica, Lady Macbeth sería tan buena tv-movie como meritoria (aunque poco probable) candidata a la Concha de Oro. Ambientada en un gélido paraje inglés, a lo Cumbres Borrascosas, a finales del siglo XIX, asistiremos al matrimonio de Katherine, una joven que es obligada a casarse con un hombre mayor que la desprecia.

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La actriz Florence Pugh da vida una protagonista nada clásica, dotándola de una modernidad propia de una mujer que quiere ser independiente y vivir su sexualidad como desee. Sin embargo, la opresión y la ambición llevarán sus acciones a terribles consecuencias, culminando en la escena más cruel del filme, rodada conscientemente en un plano fijo a diferencia de la cámara en mano del resto, haciendo cómplice al espectador de los hechos que están teniendo lugar. Así, siendo una de las propuestas más discretas de la Sección Oficial, Lady Macbeth es también una de las apuestas más solventes de la misma.

Un comentario el “64º Festival de San Sebastián: Sección Oficial (I)

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Esta entrada fue publicada en 20 septiembre, 2016 por en 64 Zinemaldia y etiquetada con , , , , , .
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