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La muerte de Luis XIV (La mort de Louis XIV, 2016)

thumb_3889_film_poster_bigPocos directores en nuestro país, y en general dentro de panorama cinematográfico, dan una vuelta de tuerca al género histórico como lo hace Albert Serra (quizás solamente podemos aludir a Lluis Miñarro con su Stella Cadente -2014-). Más allá de las filias y las fobias que despierta la filmografía del director catalán, es indudable su capacidad para desmitificar a los personajes que retrata a través de tiempos muertos, de fueras de campo narrativos, de sus momentos más íntimos y menos glamourosos… pero sin que sus recreaciones de época dejen de ser nunca cuidadas e incluso preciosistas. Es lógico por tanto que en su último trabajo La muerte de Luis XIV, su obra más realista (incluso es respetuoso con el idioma original), o quizás mejor dicho, menos literaria, el director no se interese por la gloria o los logros de los 72 años de reinado del monarca, ni tampoco por sus errores y defectos, sino por los últimos momentos de su vida, a través de las memorias de dos nobles que asistieron a los mismos.

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Grabado de Godefroy Durand

La muerte de Luis XIV sirve como culminación de toda una serie de eventos artísticos que tuvieron lugar en torno al trigésimo aniversario del fallecimiento del Rey Sol, el mayor representante del absolutismo en Europa, que tras 77 años de vida acabó pereciendo por gangrena en la pierna en tan solo 15 días. La de Serra es la crónica de una muerte anunciada, con un ritmo tan agónico como el calvario por el que pasa su protagonista, al que se intenta mantener vivo por todos lo medios antes de renunciar a perder a la figura capital que ha guiado al pueblo durante tantos años. Al son de Domenico Gallo y de Mozart, el director se vale para representar ese suplicio de una habitación, la cual se va volviendo cada vez más claustrofóbica, más oscura, sin distinción entre el día y la noche, y de la imponente presencia de Jean-Pierre Léaud, cuya interpretación es al mismo tiempo un homenaje a una carrera 58 años desde El intrépido La Tour (1958) y Los 400 golpes (1959).

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La película tampoco juzga al rey, quizás incluso se apiada de su sufrimiento… ¿O es irónico? “Seeing the all-powerful, amoral (he had many illegitimate children) superman at the mercy of unsophisticated doctors and the forces of disease and death far beyond his comprehension is darkly funny”, afirmaba Joseph Nechvatal con respecto a la exposición Le roi est mort, que tuvo lugar desde finales de 2015 hasta principios de 2016 en el Palacio de Versalles, y que satirizaba sobre la pomposidad que rodeaba a la figura del monarca, al que adoraban como un dios. Del mismo modo lo hace el filme, remarcando aspectos ante los que resulta imposible no reírse, y que transformaron esos días en un teatro macabro y barroco. Frente a ello, Serra consigue mostrar el lado más humano de un hombre al que se consideraba inmortal, abordando su habitual tratamiento de la relación entre amos y sirvientes, e incidiendo en el costumbrismo de los usos del momento.

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“La lección de anatomía del doctor Nicolaes Tulp”, Rembrandt / “La muerte de Luis XIV”

Esta minuciosa reconstrucción se relaciona también con el carácter pictórico del filme, coherente teniendo en cuenta que el tema que trata ha sido muy representado en la pintura y el grabado. Aunque Serra y el director de fotografía Jonathan Ricquebourg, en lugar de recrear el relato siguiendo el estilo de artistas historicistas que también lo hicieron como Jean-François de Troy, Thomas Jones o Henry Barker (de una manera más colorida y grandilocuente), prefieren recurrir a otros procedimientos como los escorzos de Mantegna o la corporalidad de Rembrandt; además de hacer alarde de un conocimiento pleno de la tradición pictórica española estableciendo relaciones con Velázquez, del que incluso toma los primeros planos más marcados en contraste con los fondos difuminados, Zurbarán, que aporta el misticismo pese al carácter terrenal de todo el conjunto, o saltando a Eduardo Rosales, del que reconocemos la atmósfera, la penumbra y el abatimiento de una de las obras cumbres del siglo XIX (que emula al Siglo de Oro), dedicada a Isabel la Católica en su lecho de muerte.

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“Doña Isabel la Católica dictando su testamento”, Eduardo Rosales / “La muerte de Luis XIV”

“Lo haremos mejor la próxima vez”, afirma el médico del rey en la última frase de la película. La muerte de Luis XIV es un filme para ver, reposar y reflexionar sobra la manera en que representa la decadencia llevada a su máxima expresión. Serra, erigido como un discípulo directo de la escuela velazquiana, ilustra a base de estampas generadas en el lienzo en blanco que es la pantalla, no solo por el fin de una vida, sino también de toda una época.

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Esta entrada fue publicada en 13 noviembre, 2016 por en Cine español y etiquetada con , , .
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